La lógica no existe en la Uach.
En la Universidad Autónoma de Chihuahua parece que la lógica administrativa no siempre camina de la mano con el sentido común. Mientras los discursos institucionales hablan de excelencia académica, modernización y compromiso con los estudiantes, en la Facultad de Odontología los alumnos tienen que manifestarse por algo tan básico como el agua.
Sí, el agua. El elemento indispensable para cualquier procedimiento odontológico, para mantener condiciones mínimas de higiene y hasta para que funcionen los baños. Una situación que, según denuncian los propios estudiantes, no es nueva ni reciente. Es un problema que lleva años arrastrándose entre excusas, indiferencia y soluciones que nunca llegan.
La molestia estudiantil tiene fundamento. Resulta absurdo que una facultad dedicada a la salud opere con fallas constantes en el suministro del vital líquido. Más absurdo todavía cuando, al interior de la propia universidad, se reconoce que el problema podría mitigarse con algo relativamente sencillo: la instalación de tres tinacos de cinco mil litros en puntos estratégicos del edificio.
La inversión estimada ronda los 100 mil pesos. Una cantidad menor si se compara con los ingresos que genera la misma facultad a través de cuotas de inscripción, pagos semestrales, laboratorios, materiales y otros cobros que los alumnos realizan puntualmente. Entonces la pregunta es inevitable: ¿cómo es posible que una institución con capacidad financiera no pueda resolver un problema básico de operación?
Aquí no se trata solamente de infraestructura. El fondo del asunto es la desconexión entre las autoridades universitarias y la realidad cotidiana de los estudiantes. Porque mientras desde Rectoría se promueven proyectos de imagen, eventos protocolarios y discursos institucionales, en las aulas y clínicas los jóvenes enfrentan condiciones indignas para estudiar.
Y lo más delicado es que la crisis ya dejó de ser un problema técnico para convertirse en un símbolo de abandono. Cuando los estudiantes tienen que salir a manifestarse para exigir agua, lo que realmente están denunciando es la ausencia de sensibilidad de quienes administran la universidad.
En cualquier hogar, negocio o consultorio privado, un problema así habría sido atendido de inmediato. Pero en ocasiones, dentro de las estructuras burocráticas, las soluciones más simples parecen invisibles. Tal vez porque nadie quiere asumir responsabilidades. O peor aún: porque el problema no afecta directamente a quienes toman las decisiones.
La Facultad de Odontología no necesita discursos; necesita agua. Y los estudiantes no están pidiendo privilegios, sino condiciones mínimas para estudiar y practicar una profesión ligada directamente a la salud y la higiene. Una falla de suministro de agua en los sanatorios privados, podria generar en multas millonarias precisamente por poner en riesgo la salud de los pacientes y en Odontologia, todos los dias atienden a personas.
Porque al final, una universidad que no puede garantizar servicios básicos difícilmente puede presumir excelencia académica.


